Tour nocturno en Río Lagartos, turismo comunitario y de bajo impacto

La APTC promueve visitas responsables de acercamiento a la naturaleza

¿Te imaginas tener sobre ti un hermoso cielo lleno de estrellas brillantes y estar en medio del mar rodeado únicamente de árboles de mangle donde se esconden cocodrilos?

Esta aventura es posible gracias al tour nocturno de Río Lagartos Xplore, de Henry Pat, quien forma parte de la Alianza Peninsular para el Turismo Comunitario (APTC).

El recorrido comienza al oscurecer y es realizado por dos guías: uno se encarga de manejar la lancha de motor y el otro lleva una lámpara, la única luz artificial que acompañará la noche.

El objetivo es encontrar un par de ojos brillantes para poder acercar el bote y realizar el avistamiento.

No es una tarea fácil, a la distancia ese par de ojos apenas perceptible tiene la capacidad de perderse entre los árboles apenas unos segundos después de haber sido visto.

La noche apenas comienza y durante el avance se aprecia en el agua el salto de los peces. También las garzas morenas acompañan el camino hacia la profundidad del manglar.

Ese pequeño rayo de luz busca insistentemente el brillo que producen los ojos del cocodrilo cuando se les ilumina.

«¡Vi uno!», grita Manuel, el encargado de la lámpara, la lancha se aproxima y no hay nada.

Tras varios intentos fallidos, Manuel cambia de lugar con Henry, su hermano mayor y reanudan la búsqueda.

«Esto es un refugio de animales porque aquí están seguros, tienen el alimento y las condiciones para vivir en armonía, nosotros no los molestamos, sólo realizamos el avistamiento», destaca Henry acerca de los manglares.

Tras más de una hora de recorrido, varias falsas alarmas y mucha paciencia al fin se consigue “hipnotizar” a dos ejemplares. Esto se logra poniendo la luz directamente en sus ojos para permanezcan inmóviles.

Henry se encarga de dar toda la explicación: son dos cocodrilos jóvenes que probablemente salieron a comer; ellos se alimentan de peces y garzas, aunque algunos de ellos son caníbales.

Manuel y Henry destacan que los cocodrilos no son peligrosos para los visitantes, por el contrario, el ser humano es el que representa la amenaza y por eso el tour se realiza de noche, para reducir al máximo el impacto.

Después de lograr el avistamiento el camino de regreso al muelle es iluminado únicamente por la luz de luna.

Además de la gran variedad de aves que se pueden apreciar en el manglar, también de repente se asoman unos ojos en las orillas, se trata de mapaches que suelen merodear la zona.

Eso es lo enriquecedor del turismo comunitario, destaca Henry, el contacto tan directo con la naturaleza para apreciar la diversidad de especies en la Península.

“El turismo bien gestionado es un gran motor que puede contribuir a la conservación del patrimonio natural. Se trata de viajar de una manera responsable, de dejar a un lado el turismo de masa que es un gran consumidor de recursos. El turismo comunitario es una alternativa de viaje, una forma de contribuir al desarrollo de las comunidades y tener a su vez el contacto con la cultura local. Esto genera beneficios para todos los habitantes, ese es el fin del turismo comunitario, generar desarrollo en las zonas donde se practica”, comentó Henry Pat.

Y es que la APTC opera en zonas rurales, donde existe la posibilidad de ofrecer recorridos de nulo o bajo impacto ambiental con actividades fuera de lo convencional como avistamiento de aves, tour por las milpas, visita a cenotes operados por los habitantes del municipio y recorridos entre reservas naturales, entre otras.

Además, este tipo de turismo es realizado por las personas que han vivido toda su vida en la zona y que incluso transmiten de generación en generación el conocimiento biocultural. Son ellos quienes tienen el control y toman las decisiones.

Como el caso de Henry Pat, cuya familia se ha especializado en tours por la ría desde Río Lagartos hasta El Cuyo.

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