Familia se desraíza de sus tierras por la violencia; éxodo en Michoacán

Un grupo de 18 parientes tuvo que huir simultáneamente, luego de que cárteles en el estado le mataran a 4 de sus miembros, secuestraran a otros 2; pagaban $50 mil por cada hectárea de aguacate

Una familia michoacana, compuesta por 18 integrantes, huyó simultáneamente desde varios pueblos hacia el norte del país sin dejar a nadie atrás, pues de lo contrario, los cárteles pudieran tomar represalias. Lo anterior, luego de que en los últimos meses les asesinaron a cuatro parientes, secuestraron a dos y uno sigue desaparecido.

“Nos tuvimos que poner de acuerdo en secreto y salimos todos al mismo tiempo, porque nadie nos podía ayudar”, dijo a Excélsior Efraín, un pequeño empresario del aguacate.

De Uruapan a Aguililla y pueblos de Tierra Caliente, desde niños pequeños hasta una mujer de 94 años salieron al mismo tiempo. Tomaron varios caminos, algunos se encontraron a lo largo del recorrido hasta Tijuana.

“Teníamos que salir con mucho cuidado, porque (los cárteles que se disputan el estado) tienen los cerros y las carreteras siempre bajo vigilancia con gente armada”, narró Efraín.

Huyen dispersos

Un matrimonio joven con un solo niño cruzó sigilosamente por las montañas. A la ancianita la llevaron en carro con el pretexto de una cita médica en una ciudad. Otros aprovecharon un recorrido cotidiano que tenían que hacer para trabajar.

Don Efraín dice que si la familia hubiera dejado a alguien atrás, seguramente sería asesinado con saña.

“A los miembros de la familia que nos mataron en los últimos meses, los mataron de forma terrible” para amedrentar al resto. “Lo hicieron después de amenazarnos para que viéramos que hablaban en serio”, explicó el empresario.

La familia cultivó el aguacate desde 2009, pero desde 2019 y especialmente en los últimos meses, el crimen organizado “nos hizo la vida imposible, no nos dejaron más remedio que huir, nadie nos podía ayudar”, lamentó.

Los delincuentes exigían a la familia 50 mil pesos anuales por cada una de las poco más de 30 hectáreas de aguacate, lo que equivalía a que la familia trabajara sólo para darle dinero a los cárteles.

Pero, además, los secuestraban, “nos presionaban para que les estuviéramos dando dinero y que los miembros más jóvenes de la familia se fueran con ellos a pelear.

“Nosotros nada más somos pequeños empresarios, no tenemos dinero y no queremos que nos sigan matando”.

Autoridades admiten que el crimen los rebasa

Al interponer denuncias, las mismas autoridades les dijeron que el crimen organizado las tenía rebasadas.

“Nos dijeron que, si acaso pudieran proteger a una familia en un pueblo, iba a ser temporalmente, y todos los otros miembros en ese pueblo y en la región quedaban desprotegidos y los podrían matar en represalia”, explicó Efraín.

Las presiones por dinero y reclutamiento aumentaban, cuando no era un cártel era otro, hasta que el sentimiento de indefensión obligó a la familia a idear su plan de salir de Michoacán a y no detenerse hasta llegar a Tijuana, donde espera en el asilo para cruzar a California.

La familia quiere comenzar de nuevo en California con la ayuda de familiares, quienes después de muchos años de trabajar en la agricultura se asentaron en los valles agrícolas de San Joaquín, Sacramento y Salinas.

Sólo una pareja planea ir a una ciudad en el condado de Orange, en el sur del estado, pero siempre cerca de zonas agrícolas.

La familia de Efraín es sólo una de miles que en los últimos ocho meses han llegado a Tijuana en busca de cruzar la frontera con asilo para reiniciar su vida, luego de la devastación que les imponen el CJNG, los Cárteles Unidos y el cártel de Los Viagras, quienes se disputan casi todo Michoacán.

Michoacanos desplazados

De acuerdo con un párroco enviado de Apatzingán hace unas semanas para tratar de ayudar a los michoacanos desplazados, Juan Diego Mendoza, a Tijuana han llegado en los últimos meses unos 15 mil michoacanos desplazados por la guerra entre cárteles.

Cada día arriban a la ciudad, por lo menos, dos o tres familias víctimas del narco, que sigue en Michoacán sin poder ser controlado por las autoridades.

Todos huyen por sus propios medios y tratan de sobrevivir. En Tijuana no han recibido ayuda de los gobiernos municipal, estatal ni federal, de acuerdo con repetidos testimonios de michoacanos expresados a Excélsior. Las autoridades no responden a lo inmediato a la prensa.

Todo el tema de la migración en Baja California se enfoca exclusivamente en querer desalojar un campamento de migrantes en una garita peatonal, mientras “la situación en Michoacán está literalmente fuera de control”, dijo a Excélsior el pastor Albert Rivera, quien coordina un refugio en Tijuana.

Para el pastor, los resultados de la violencia entre cárteles en Michoacán saltan a la vista:

“Antes, en el albergue teníamos familia de todas partes del mundo; ahora, más de 80% de éstas son de México, casi todas de Michoacán y Guerrero, pero principalmente de Michoacán, y todas nos narran historias, de verdad, espeluznantes”, alertó Rivera.

En el albergue hay 370 personas y unas 300 son mexicanas, pero los michoacanos suman unos 270.

En plática con Excélsior, el pastor destacó que a Tijuana no sólo huyen familias campesinas como la de Efraín, “nos llegan muchos profesionales, gente preparada, que ya no puede seguir” bajo la presión de la violencia, dijo.

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